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domingo, 23 de diciembre de 2012


¿QUÉ SERÍA SIN TI?

* Prosa breve


-¿Sabes? A veces, pienso "¿qué sería sin tí?".
-Y, ¿qué ocurre?-respondes preguntando.
-Que no sería yo, sería como mucho un ser vacío por dentro, con la mirada perdida, sin capacidad para razonar, un ser que solo pensaría "¿qué hago aquí?".
-Que bonito lo que has dicho.

Te sonrío, me miras y me acuerdo de otro detalle.

-Cada noche que me acuesto, no puedo evitar pensar en ti, te veo en todas partes, cogida de mi mano, hablando como ahora estamos, observando las estrellas, recordándote que luces más que todas ellas juntas.
Porque el sol de mi cielo estaría apagado y la luna no sería preciada plata, si no insignificante polvo gris, de no ser porque estoy a tu lado.

Vas a contestarme, pero te interrumpo:

-Te quiero.

MATAR LA SOLEDAD

Quiero sentir que me sientes,
quiero notar que me notas,
quiero beber de tu presencia,
y calmar esta sed, dejarla en ausencia.

Quiero saber si ardes,
como yo ardo cada vez que te veo,
quiero saber si mirarías mis ojos
como yo miro los tuyos y me atrapo en ellos.

Quiero matar la soledad contigo,
quiero compartir mi tiempo,
quiero regalarte abrazos y besos,
quiero estar feliz junto a ti.

Cada vez más cerca te veo,
mi sonrisa se extiende hacia tu mirada,
me calman tus palabras,
y mi alegría empieza a no tener límites.

Quiero matar la soledad contigo.

domingo, 16 de diciembre de 2012


DIMINUTO AMOR

Te lloraré, hermosa rosa,
y tú tus espinas en mi clavarás,
yo te amo, tú eres mi dolor.

No existe el mundo en mí,
solo tú, rosa que clavas tu armadura,
yo te amo, tú eres mi causa.

JURAMENTO A CUPIDO

Te amenazo, Cupido, a volver a entrometerte,
a volver a romper la flecha que osaste lanzar,
y juraré al sol que te desplumaré las alas,
ya que clavas, clava dos.

Te amenazo, ángel de las saetas envenenadas,
en este corazón ya no clavas
y juraré a la luna como te atrevas
que te quemaré en la hoguera eterna.

Te amenazo, diablo de los corazones,
a que camines hacia mí,
y te juro humanizarte y clavarte
las de tu carcaj en tu corazón.

Te amenazo, travieso arquero,
a que te atrevas a echarme el ojo,
y te juro despedazar cada parte tuya,
y arrojar al fuego de mi alma tus saetas.

Te juro, Cupido, que como lo hagas,
te quitaré la sonrisa que vistes.

domingo, 9 de diciembre de 2012


AL MENOS NOS VEMOS

Te veo, me ves, nos vemos,
cada uno en los ojos del otro,
y me arde el pecho, y me estalla el corazón,
y llora pero sonríe; al menos nos vemos.

Te miro, me miras, nos miramos,
cada uno compartimos el color de los ojos,
un cielo veo cuando los miro,
o el mar inalcanzable, y lo quiero, y nos observamos.

Te hablo, me respondes, dialogamos,
la lengua se intimida cuando hablas,
el sol luce más fuerte cuando te diriges a mí,
las noches más cálidas cuando las compartes.

Te sonrío, me sonríes, sonreímos,
aunque tengo un doloroso llanto interior,
solo tu habla calma la marea de lágrimas,
pero sonrío, porque al menos nos vemos.

miércoles, 14 de noviembre de 2012


MI LUGAR, TU MIRADA.

Tumbado en la alfombra de tu mirada,
regocijado en tu calma,
la miro y  tu miras, miras a un echado,
tumbado a tus espaldas.

Una ninfa sería demasiado poco
para tu cuerpo; par de lunas para tus ojos,
y mientras me escondo en tu mirada,
sin coraje para decirte a la cara...

Te miro con la palabra punzante,
esperando atacar la conversación,
y no más puedo que esconderme
en mis oscuridades...no, mejor tu mirada.

La lengua se me quema de estar encerrada,
encarcelada sin decir lo que espero que oigas,
muda sin saber si aprobarás,
dolorida de no poder expresarlo.

Corroe mi interior la acidez de la mudez,
pero mientras, me esconderé en tu mirada.


COMO LEÓN DE HOJALATA

A veces parece que el hombre no está dotado de razón, ni de aquello que late bajo el pecho. A veces, el hombre es un león cobarde de hojalata.

Arrancadme mis quimeras,
no seré persona, no sonreiré,
no en la voz me alojaré,
ni sabré de mi existencia.

Seré la inerte piedra del río,
que me arrastran,
y mi impedimento es nulo,
seré la llama apagada del frío.

Arrancadme mi sentimiento,
y seré el frío mármol que pisas,
una rosa sin perfume, ni si quiera siente,
ni sabré que me arrancan el corazón.

Seré la estatua de la iglesia,
no me verán siquiera un ladeo,
seré el hombre de hojalata,
pero ni sabré que lo soy.

Y vendrá la tristeza a visitarme,
¡tampoco lo hará!, no padezco a la enfermedad,
no, y arrancadme mis espinas,
y seguiré andando un camino sin caminar.

Arrancadme un lamento,
y no podréis, mi metal lo impedirá,
porque no existe nadie tan inerte
como el fruto de la actual humanidad.

ARDO EN MIS ENTRAÑAS

Entregado el sol en su lejanía,
lo retienes en tus manos
su fuego arde en mi interior,
y tú, leña aquella, no olvido, no consigo.

Una vez retenido el tiempo,
una vez un stop al adiós,
una vez un cuento de hadas sin perdices,
una vez la princesa rescata.

Mirada que reflejas en el agua,
te la robaré, no quiero olvidar esos ojos,
y mientras arde el dolor, se abre,
mis entrañas explotarán si no paras.

Una vez espero que me esperes,
una vez que no será la última,
una vez que me vuelvo a entregar,
una vez, que no regalas, y vuelves a quemar.

Ardo en mis entrañas, y me consumo en el lagrimal.


jueves, 25 de octubre de 2012


OJALÁ EL BESO

Ojalá el sol fuera el caramelo, ojalá,
mi boca saborease su sabor, boca,
y perder el sentido del reloj,  perdiendo,
la razón sin vuelta atrás para siempre.

Ojalá se quemara el agua, ojalá,
el fuego empapase la leña, fuego,
y olvidar el frío interior, olvidando,
estar mojado para calentarse de nuevo.

Ojalá el buen día nunca terminase, ojalá,
el viento acaricie el rostro, viento,
y besar la luz con una sonrisa, besando,
aquel sueño de aquel sabroso beso.

jueves, 18 de octubre de 2012


ALIVIO VERDE

Una pisada colmada de decisión
que la alegría lleva de volver a dejar huella
en el suelo imperfecto y más natural,
lejos del aire impuro.

Notar que te impregna el pino,
que crece en tu nariz y sus raíces te agarran,
y verde ver, y tener la libertad agarrada, verde,
con las manos, sin ataduras, para sentirte libre.

Cantar al fuego y el fuego escucharte,
observar su baile imperfecto, y que te acoja,
te obsequie tu estancia con su calor sobrante,
cerrar los ojos; mejor que un sueño.

Observar con la luna mirándote,
acariciar el pelaje del medio, querer parar el tiempo,
pero el frío no lo hace, y lo calienta y lo aviva;
beber el silencio, saber que la sed se colma.

Entonces perder la batalla con el cansancio,
para que después, el oro del cielo se encienda,
tomar aire y sentir alivio, y escuchar un silbato;
el silbato dice que acuda a su llamada.